Hay personas que parecen saber naturalmente qué hacer con su tiempo, qué cosas les interesan y hacia dónde quieren ir. Y también hay personas que pasan mucho tiempo buscando algo que les despierte interés, motivación o simplemente ganas de hacer.
Encontrar un propósito personal no siempre ocurre de una manera clara ni tiene que convertirse necesariamente en una gran misión de vida. A veces puede aparecer en algo mucho más cotidiano: crear, reparar, aprender, enseñar, ayudar, construir o simplemente tener algo que nos despierte curiosidad.
En mi caso, el mundo maker terminó convirtiéndose en una de esas formas de expresión. No solamente como una actividad o un conjunto de conocimientos técnicos, sino como una manera de estar ocupado, aprender, crear y conectar con una parte de mí mismo.
Pero esta experiencia también me hizo pensar en algo bastante más difícil: ¿qué pasa cuando nosotros encontramos algo que nos mueve, pero una persona cercana no encuentra nada parecido?
¿Qué significa realmente tener un propósito?
Cuando hablamos de propósito personal, muchas veces imaginamos que deberíamos tener una respuesta enorme y definitiva: saber exactamente qué queremos hacer con nuestra vida, cuál es nuestra vocación o cuál es nuestro objetivo.
Pero quizás no siempre funciona así.
Para algunas personas, el propósito puede estar relacionado con una profesión. Para otras, con una familia, una actividad, un proyecto, una forma de ayudar a los demás o simplemente con tener cosas que les generan curiosidad y ganas de seguir aprendiendo.
Incluso puede cambiar con el tiempo.
Por eso, en esta nota no quiero plantear que exista una única manera correcta de encontrar propósito o sentido en la vida. Lo que quiero explorar es algo más concreto: qué sucede cuando encontramos una actividad que nos permite sentir que estamos haciendo algo que realmente nos representa.
Cuando no saber qué hacer se convierte en una forma de vivir
Cuando era chico recuerdo perfectamente esa sensación de decir:
“Me aburro”.
Era una frase bastante habitual. No saber qué hacer, buscar alguna actividad y sentir que el tiempo no pasaba demasiado rápido.
Con el tiempo me ocurrió algo bastante curioso: esa frase prácticamente desapareció de mi vocabulario.
Hoy tengo prácticamente el problema contrario: nunca me faltan cosas que hacer.
Entre el trabajo, los proyectos, las reparaciones, aprender cosas nuevas, crear contenido, diseñar, programar, fabricar objetos y todas las demás obligaciones de la vida adulta, siempre aparece algo.
Pero hay una diferencia importante: no todo ese hacer tiene el mismo significado.
Hay cosas que hacemos porque tenemos que hacerlas y hay otras que hacemos porque nos nace hacerlas.
Y esa diferencia puede ser mucho más importante de lo que parece.
El maker como una forma de encontrar qué hacer
En mi caso, ser maker terminó funcionando como una especie de respuesta al viejo “me aburro”.
Crear algo, diseñar una pieza, reparar un objeto, probar una herramienta, fabricar algo, programar, investigar cómo funciona una cosa o simplemente intentar resolver un problema puede convertirse en una excusa perfecta para mantenerse en movimiento.
Y digo “excusa” deliberadamente.
Porque quizás el objeto concreto que estamos construyendo no sea lo más importante. Lo importante puede estar en todo lo que ocurre mientras lo hacemos: pensar, aprender, equivocarnos, probar, modificar y finalmente conseguir algo que antes no existía.
Eso puede resultar especialmente interesante para quienes tienen una necesidad constante de crear o de entender cómo funcionan las cosas.
Y no necesariamente tiene que ser algo técnico. Una persona puede encontrar ese mismo impulso cocinando, escribiendo, dibujando, enseñando, reparando, haciendo música, cuidando un jardín o desarrollando cualquier otra actividad que le permita involucrarse realmente con lo que está haciendo.
Crear también puede ser una forma de expresarnos
Hay algo particularmente interesante en hacer cosas: muchas veces terminamos expresando quiénes somos sin proponérnoslo.
La manera en la que resolvemos un problema, los proyectos que elegimos, aquello que nos da curiosidad o incluso las cosas que decidimos construir pueden decir bastante sobre nosotros.
En mi caso, fabricar cosas, reparar objetos, crear tutoriales, compartir lo que aprendo o intentar encontrar soluciones forma parte de una misma manera de relacionarme con el mundo.
No necesariamente porque haya decidido conscientemente que esa iba a ser mi identidad, sino porque fui repitiendo aquellas cosas que sentía que tenían sentido para mí.
Con el tiempo, esa acumulación de actividades termina formando una especie de lenguaje propio.
Una manera de decir “esto soy yo” sin tener que explicarlo demasiado.
Cuando hacer cosas también llena un vacío
Hay otra parte de esto que me parece interesante y que merece cierta honestidad.
Crear y estar permanentemente ocupado puede ser algo positivo, pero también puede funcionar como una forma de escapar de otras cosas.
En mi caso, muchas veces el hacer constante puede sentirse como una manera de mantenerme lejos del aburrimiento o de ese vacío que aparece cuando no hay nada concreto que resolver.
Eso no significa que crear sea necesariamente una solución para ese vacío, ni que estar ocupado sea siempre mejor que detenerse. Simplemente muestra que las cosas que hacemos pueden cumplir diferentes funciones al mismo tiempo.
Podemos crear porque nos gusta. Podemos crear porque queremos aprender. Podemos crear porque necesitamos resolver un problema. Podemos crear porque queremos ayudar a alguien. Y también podemos crear porque no sabemos muy bien qué hacer cuando nos quedamos quietos.
Probablemente todas esas razones puedan coexistir.
El problema de acompañar a alguien que no encuentra su camino
Y acá aparece una de las partes más difíciles de esta reflexión.
¿Qué ocurre cuando nosotros encontramos algo que nos entusiasma, pero una persona cercana no?
Puede ser un familiar, una pareja, un amigo o cualquier persona importante para nosotros.
Desde nuestro lugar puede resultar muy difícil comprender cómo alguien puede pasar tanto tiempo sin encontrar algo que quiera hacer, algo que le interese o alguna dirección que le genere motivación.
Y justamente ahí aparece una diferencia importante: lo que para nosotros parece natural puede no serlo para otra persona.
Cuando nosotros tenemos una actividad que nos moviliza, podemos pensar:
“¿Por qué no buscás algo que te guste?”
El problema es que esa pregunta parece sencilla solamente desde el lugar de quien ya encontró algo.
Encontrar aquello que nos interesa no necesariamente es igual de fácil para todos.
No podemos imponerle nuestro propósito a otra persona
Quizás una de las cosas más difíciles de aceptar sea esta: que algo nos haya ayudado a nosotros no significa que vaya a funcionar de la misma manera para otra persona.
Si crear, fabricar, aprender o trabajar en proyectos nos da energía, podemos sentir la tentación de recomendarle exactamente lo mismo a alguien que está perdido.
Pero el propósito personal no funciona como una receta.
Una persona puede encontrar sentido en algo completamente diferente. Y otra puede tardar mucho tiempo en descubrir qué actividad, relación, proyecto o forma de vivir le resulta significativa.
Incluso puede ocurrir que todavía no lo haya encontrado.
Y acompañar esa situación puede ser difícil precisamente porque no podemos hacer el recorrido por la otra persona.
Tres videos, una misma pregunta
Estas ideas aparecen en tres videos que publiqué en TikTok y que, aunque fueron creados en momentos diferentes, terminaron conectándose entre sí.
El primero parte justamente de esa dificultad de acompañar a una persona cercana que parece no encontrar propósito, motivación o una dirección propia.
@mati_randommaker Una de las situaciones más difíciles que nadie te cuenta #situaciones #dolor #opinionpersonal #familia #propositodevida #motivacion ♬ sonido original – Mati Random | Random Maker
El segundo video parte desde el extremo opuesto: la experiencia de alguien que pasó de preguntarse qué hacer para sentir que prácticamente nunca le faltan cosas por hacer.
@mati_randommaker Aburrido de lo mismo Te cuento que me pasaba de niño, como lo llevo ahora y lo que me cambió la vida #filosofia #filosofiadevida #mentalidad #desarrollo #maker #mecambiolavida ♬ sonido original – Mati Random | Random Maker
Y el tercer video conecta ambas situaciones: cuando encontramos una forma de crear y expresarnos, puede resultar difícil comprender a quienes no sienten ese mismo impulso.
@mati_randommaker Videos para expresar tus sentimientos Muchas veces somos lo que hacemos o lo que no hacemos. #filosofia #filosofiadevida #mentalidad #desarrollo #maker #mecambiolavida
♬ sonido original – Mati Random | Random Maker
Encontrar algo que nos mueva no significa tener todas las respuestas
Existe una diferencia entre encontrar una actividad que nos apasiona y tener resuelta nuestra vida.
Una persona puede disfrutar muchísimo creando, trabajando, estudiando o ayudando a otros y, al mismo tiempo, tener dudas, frustraciones, problemas y momentos en los que no sabe qué hacer.
Encontrar algo que nos mueve tampoco significa que tengamos que convertirlo inmediatamente en una profesión, un negocio o una obligación.
A veces una actividad puede ser valiosa simplemente porque nos hace sentir conectados con algo que disfrutamos hacer.
Y quizás ahí exista una diferencia importante entre propósito y productividad.
No todo lo que hacemos tiene que producir algo para tener valor.
El propósito también puede estar en el proceso
Cuando pensamos en encontrar un propósito personal, solemos imaginar un destino: descubrir qué queremos hacer y llegar hasta ahí.
Pero mi experiencia como maker me hace pensar que quizás muchas veces el propósito aparece justamente mientras hacemos.
Primero aparece la curiosidad. Después probamos algo. Nos equivocamos. Aprendemos. Hacemos otra cosa. Ayudamos a alguien. Compartimos lo que descubrimos. Y, con el tiempo, podemos mirar hacia atrás y descubrir que existe un patrón.
Tal vez no encontramos nuestro propósito de una vez. Tal vez lo vamos construyendo a través de las cosas que elegimos hacer repetidamente.
Eso también explicaría por qué puede resultar tan difícil responder de manera inmediata a la pregunta “¿qué querés hacer con tu vida?”.
Quizás no siempre necesitamos tener la respuesta completa.
¿Y si empezamos por hacer algo?
Si estás atravesando una etapa en la que no sabés exactamente qué querés hacer, una posibilidad es dejar de exigirnos encontrar inmediatamente una gran respuesta.
En lugar de preguntarnos solamente “¿cuál es mi propósito?”, quizás también podamos preguntarnos:
- ¿Qué cosas me generan curiosidad?
- ¿Qué actividad puedo hacer durante horas sin mirar constantemente el reloj?
- ¿Qué problemas disfruto intentar resolver?
- ¿Qué cosas me gusta aprender?
- ¿Qué actividades me hacen sentir que estoy creando algo?
- ¿Qué puedo hacer que además resulte útil para otra persona?
- ¿Qué cosas hice en el pasado que todavía recuerdo con entusiasmo?
No son preguntas mágicas y tampoco garantizan encontrar una respuesta inmediata.
Pero pueden servir para empezar a observar nuestros propios patrones.
No todos encontramos sentido de la misma manera
Quizás esta sea la conclusión más importante de todo esto.
Que algo nos haya cambiado la vida no significa que tenga que cambiarle la vida a otra persona.
Para mí, crear, reparar, diseñar, aprender y compartir conocimiento se fueron convirtiendo en una especie de lenguaje. Una manera de ocupar mi tiempo, resolver problemas y conectar con una parte de mí mismo.
Pero otra persona puede encontrar exactamente esa misma sensación en algo completamente diferente.
Y otra quizás todavía esté buscando.
Eso puede ser frustrante cuando queremos ayudar a alguien cercano, porque muchas veces desearíamos poder mostrarle aquello que a nosotros nos funciona.
Pero quizás acompañar no significa encontrarle el camino a otra persona.
Quizás significa estar cerca mientras esa persona encuentra el suyo.
Una última reflexión
No sé si todos necesitamos tener un gran propósito de vida.
Sí creo que puede ser importante encontrar cosas que nos despierten curiosidad, que nos permitan aprender, crear, ayudar o simplemente sentir que estamos conectados con algo que nos importa.
En mi caso, el mundo maker terminó siendo una de esas cosas.
Quizás para vos sea otra.
Puede ser algo que ya hacés. Puede ser algo que abandonaste hace años. O incluso puede ser algo que todavía no descubriste.
Y quizás no haga falta encontrarlo todo de una vez.
A veces alcanza con encontrar algo que nos dé ganas de hacer la próxima cosa.
¿Qué actividad te hace sentir que estás siendo realmente vos? ¿Hay algo que podrías hacer durante horas simplemente porque te interesa? ¿Alguna vez encontraste algo que cambió tu manera de ver el mundo?
Tal vez esa respuesta diga más sobre nuestro propósito de lo que imaginamos.
