Netbook del gobierno: cómo reutilizarla como servidor

Si tenés una netbook del gobierno guardada en algún cajón y pensás que ya no sirve para nada, quizás todavía tenga una segunda vida. Al menos eso fue lo que me pasó a mí.

Antes de armar el homelab que tengo actualmente, utilicé una de estas netbooks viejas como una pequeña máquina de servicios para mi laboratorio. No era un servidor profesional ni pretendía reemplazar un equipo moderno, pero podía resolver una cantidad sorprendente de problemas.

¿Para qué reutilicé la netbook del gobierno?

La idea original apareció por una necesidad bastante concreta: quería manejar mis impresoras y algunos equipos de forma remota, sin depender de tener una computadora grande encendida y conectada físicamente a cada máquina.

La netbook terminó funcionando como una especie de pequeño servidor dentro de mi red. Desde otros dispositivos podía acceder a distintos servicios y utilizar equipos que físicamente estaban en otro lugar.

Y ahí fue cuando descubrí que una computadora que parecía demasiado vieja para muchas tareas tradicionales todavía podía ser perfectamente útil para tareas específicas.

@mati_randommaker Si tenes una netbook del gobierno guardada, no la TIRES!! Te cuento como utilizarla #netbook #basura #tirar #reciclar #netbookdelgobierno ♬ sonido original – Mati Random | Random Maker

Una netbook vieja como servidor de impresión

Uno de los usos más prácticos fue convertirla en un servidor de impresión.

Tenía una impresora que no contaba con Wi-Fi. Normalmente, para utilizarla desde otras computadoras de la casa, necesitaba que la computadora a la que estaba conectada físicamente permaneciera encendida.

Eso era bastante incómodo. Si quería imprimir desde otro equipo, dependía de esa computadora y de esa conexión física.

Al utilizar la netbook como intermediaria, la impresora podía estar disponible dentro de la red y otros dispositivos podían acceder a ella sin necesidad de tener una computadora de escritorio funcionando como intermediaria todo el tiempo.

Es un ejemplo bastante sencillo de algo que puede hacerse con una computadora vieja: no hace falta que sea rápida para ejecutar una tarea de red relativamente simple.

También podía manejar impresoras 3D con Klipper

La cosa se puso todavía más interesante cuando empecé a utilizar Klipper.

En ese momento tenía una Raspberry Pi 3 A+ funcionando con una impresora 3D y, aunque funcionaba muy bien para una máquina, con determinados diseños grandes empecé a tener la sensación de que el equipo podía estar llegando a sus límites.

Cuando apareció la posibilidad de convertir una segunda impresora a Klipper, la situación cambió. Ya no se trataba solamente de controlar una impresora, sino de tener que gestionar más cosas al mismo tiempo.

Ahí la netbook empezó a tener todavía más sentido.

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Con Klipper, la impresora puede ser gestionada mediante una interfaz web. Eso significa que no necesariamente tengo que estar físicamente frente a ella para controlarla.

Dentro de mi red podía acceder al servicio desde otros dispositivos, lo que solucionaba uno de los problemas que empezaban a aparecer en mi espacio de trabajo: tener que llevar cables USB desde una computadora hasta máquinas que estaban a varios metros de distancia.

El problema de los cables largos

Puede parecer un problema menor hasta que tenés una impresión que puede durar muchas horas.

Si una impresora está a varios metros de la computadora, aparecen extensiones USB, hubs, cables largos y distintas posibilidades de que algo falle. Y con una impresión 3D de muchas horas, que un cable se mueva o pierda señal puede convertirse en un problema bastante serio.

La idea de utilizar la netbook como intermediaria permitía que las máquinas fueran mucho más independientes del resto de las computadoras del laboratorio.

En lugar de pensar solamente en “¿cómo conecto esta impresora a esta computadora?”, podía empezar a pensar en “¿cómo hago para que esta máquina esté disponible dentro de mi red?”.

Una impresora láser también podía funcionar de forma remota

La misma lógica la apliqué a mi equipo láser. En mi caso se trata de una Hellbot, utilizada como grabadora y cortadora.

El equipo tiene determinadas posibilidades de conexión, pero en mi configuración no podía aprovecharlas directamente porque faltaba un componente de la máquina. Entonces nuevamente aparecía el mismo problema: necesitaba tener la computadora cerca para poder manejarla.

Al utilizar la netbook como un punto intermedio, podía acceder al software y al servicio de forma remota, de una manera mucho más cómoda para el espacio de trabajo.

Y ahí apareció la verdadera razón para todo este proyecto: se convirtió en una excusa perfecta para darle una utilidad concreta a una computadora que estaba quedando vieja.

¿Y si además la uso como servidor de archivos?

Una vez que ya tenés una máquina funcionando dentro de la red, es inevitable empezar a pensar en otras posibilidades.

En mi caso también la utilicé como una especie de servidor de archivos para la red interna. La idea era sencilla: tener determinados archivos disponibles desde distintos dispositivos de la casa o del laboratorio sin depender de tener conectada una computadora específica.

Esto puede ser útil para cosas tan simples como compartir documentos, archivos de trabajo o recursos entre una computadora, un celular u otros dispositivos conectados a la misma red.

Incluso llegué a pensar que, con una configuración diferente, podría convertirse en una especie de NAS. Aunque ahí ya empezamos a exigirle bastante más a una máquina de este tipo y probablemente tenga más sentido utilizar hardware pensado específicamente para ese trabajo.

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Linux fue una parte importante del proyecto

Otra de las claves fue utilizar un sistema operativo liviano. En mi caso utilicé Xubuntu, una distribución basada en Ubuntu que resulta mucho más adecuada para un equipo con recursos limitados que un sistema operativo pensado para hardware moderno.

Esto también es importante si estás pensando en reutilizar una netbook del gobierno: no necesariamente tenés que intentar utilizarla como si fuera una computadora actual.

Tal vez no sea una buena máquina para navegar con decenas de pestañas, editar video o ejecutar programas pesados. Pero eso no significa que no pueda ser excelente para una tarea específica.

Un sistema Linux liviano, un servicio concreto y una red local pueden cambiar completamente la utilidad que tiene un equipo viejo.

¿Vale la pena ponerle un SSD?

En mi experiencia, sí puede ser una mejora interesante.

Una netbook vieja con almacenamiento lento puede sentirse extremadamente limitada para determinadas tareas. Cambiar el almacenamiento por un SSD puede mejorar muchísimo la respuesta general del sistema y hacer que el equipo resulte mucho más agradable de utilizar.

De todos modos, esto no convierte mágicamente una netbook vieja en una computadora moderna. La idea es otra: aprovechar lo que todavía puede hacer bien.

No necesitás un servidor enorme para empezar

Creo que esta es la parte más interesante de todo el proyecto.

Cuando escuchamos la palabra servidor, muchas veces imaginamos una máquina grande, potente y llena de discos. Pero un servidor no tiene por qué ser eso.

En términos muy simples, puede ser una computadora que permanece disponible en una red para ofrecer determinados servicios a otros dispositivos.

Y para algunas de esas tareas, una computadora que quedó olvidada durante años puede ser más que suficiente.

¿Qué podés hacer con una netbook del gobierno vieja?

Dependiendo del hardware disponible, del sistema operativo y de lo que necesites, una netbook vieja puede servir como punto de partida para distintos proyectos.

  • Servidor de impresión: para compartir una impresora dentro de la red.
  • Servidor para Klipper: para administrar una o más impresoras 3D compatibles.
  • Equipo de control remoto: para acceder a determinados dispositivos desde otros equipos.
  • Servidor de archivos: para compartir información dentro de una red local.
  • Pequeño servidor doméstico: para experimentar con distintos servicios.
  • Laboratorio de Linux: para aprender, probar configuraciones y experimentar sin necesidad de utilizar tu computadora principal.

No todas las netbooks van a poder hacer todo esto. El hardware, el almacenamiento, la memoria disponible y los servicios que quieras ejecutar van a determinar qué tan lejos podés llevar el proyecto.

De una netbook vieja a mi homelab

Con el tiempo, este proyecto terminó quedando chico para las necesidades que fueron apareciendo.

La netbook había demostrado que la idea funcionaba: podía centralizar servicios, conectar equipos y resolver problemas que antes dependían de computadoras individuales.

Pero también llegó un punto en el que quería hacer muchas más cosas. Y ahí apareció la necesidad de utilizar hardware más adecuado para construir un homelab propiamente dicho.

Así que esta netbook no terminó siendo el servidor definitivo. Pero sí fue una parte importante del camino que me llevó hasta el laboratorio que tengo actualmente.

La idea no es tirar: es encontrarle otro uso

Una de las cosas que más me gustan de este tipo de proyectos es que no hace falta empezar comprando hardware nuevo.

Si tenés una netbook del gobierno guardada, primero vale la pena preguntarte qué puede hacer todavía. Tal vez no sea capaz de ejecutar cómodamente las aplicaciones que utilizabas hace años, pero puede convertirse en una herramienta completamente diferente.

Una impresora vieja puede volver a estar disponible en toda la casa. Una impresora 3D puede independizarse de una computadora. Podés compartir archivos. Podés experimentar con Linux. Podés aprender sobre redes y servidores.

Y si finalmente descubrís que necesitás algo más potente, como me pasó a mí, esa experiencia puede ser justamente el primer paso para construir algo más grande.

No siempre hace falta tirar una computadora vieja. A veces solamente hace falta dejar de pensar en ella como la computadora que fue y empezar a pensar en lo que todavía puede hacer.

¿Tenés una netbook vieja guardada?

Si tenés una de estas máquinas juntando polvo, quizás sea un buen momento para volver a encenderla y pensar qué proyecto podés hacer con ella.

Este proyecto fue solamente uno de los experimentos que terminé haciendo antes de llegar al homelab actual. Y justamente de eso se trata Random Maker: agarrar una idea, probarla y ver hasta dónde podemos llevarla.

Matías Cárdenas, Mati Random, creador de Random Maker
QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE RANDOM MAKER

Matías Cárdenas · Mati Random

Soy técnico, maker, diseñador 3D y creador de contenido. En Random Maker comparto lo que voy aprendiendo, las cosas que pruebo y las soluciones que encuentro mientras intento hacer que la tecnología sea un poco más simple y divertida.

Acá vas a encontrar tutoriales, herramientas, proyectos, ideas y experiencias sobre tecnología y creatividad, desde diseño 3D y programación hasta nuevas formas de crear, resolver problemas y llevar una idea a la práctica.

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