Vaporizador de ozono que pierde agua: cómo reparé una fuga y el óxido interno

Un día, un vaporizador de ozono comenzó a dejar agua debajo del equipo. No era una pérdida enorme ni había dejado de funcionar, pero cada vez que se utilizaba aparecían algunas gotas en la superficie donde estaba apoyado.

El equipo en cuestión es un Vaporizador de Ozono Family chico de mesa, utilizado para generar vapor para tratamientos de rostro y cuero cabelludo.

Al principio podía parecer una pérdida menor. Sin embargo, tratándose de un equipo eléctrico que trabaja con agua, era un problema que convenía solucionar antes de seguir utilizándolo normalmente.

Y cuando decidí abrirlo para buscar el origen de la fuga, encontré algo que no me gusto para nada: había óxido en prácticamente todos los tornillos internos.

¿Por dónde estaba perdiendo agua el vaporizador?

La pérdida aparecía en la parte inferior del equipo, dejando pequeñas manchas de agua sobre la superficie donde estaba colocado.

Eso no significaba necesariamente que el agua estuviera saliendo directamente desde abajo. Había que desarmarlo para seguir el recorrido de la humedad y encontrar el verdadero origen. (Podía ser condensación… o cualquier otra cosa)

Al desmontar el vaporizador apareció la causa.

El equipo tiene un tanque donde se coloca el agua, vinculado a una placa calefactora o resistencia, que se encarga hacer calentar el agua hasta generar el vapor. Entre ambas partes hay un sello de silicona encargado de evitar que el agua escape. Basicamente no hay mucho mas, además unas protecciones o cortes por temperatura (conocidos como Klixon).

Ese sellado ya no estaba cumpliendo correctamente su función…

El agua podía escapar desde el tanque y terminar llegando al interior del equipo. Con el tiempo, esto había provocado la oxidación de los tornillos y de otras partes metálicas, además de que muy probablemente terminara haciendo un corto o quemando algo.

El problema no era solamente la fuga

Encontrar agua en un equipo eléctrico ya es suficiente motivo para preocuparse, pero el óxido mostraba que el problema podía llevar un tiempo produciéndose.

Por eso, antes de volver a sellar el tanque, decidí desmontar completamente el conjunto y limpiar las superficies afectadas.

La reparación no consistió simplemente en poner sellador sobre la zona donde aparecía el agua. Primero había que eliminar todo el óxido y la suciedad posible de las superficies de contacto para que el nuevo sellado pudiera adherirse correctamente.

Limpiar el óxido antes de volver a sellar

Desarmé el equipo y limpié los restos de óxido que se habían acumulado en los tornillos y en las distintas partes internas.

También limpié cuidadosamente las superficies que intervienen en el sellado del tanque.

El objetivo era dejar las superficies de contacto lo más limpias posible antes de volver a montar todo.

Una vez terminada la limpieza, revisé el sello de silicona original.

La junta no estaba mal, por lo que decidí dejarla y reforzar el sellado en lugar de reemplazarla (lo cual seguramente sería casi imposible de conseguir).

La reparación: volver a sellar la junta

Con las superficies limpias y preparadas, volví a colocar el sello de silicona original y apliqué sellador sobre la junta para recuperar la estanqueidad del conjunto.

La idea era evitar que el agua pudiera volver a escapar entre el tanque y la placa calefactora.

Una vez realizada la reparación, volví a montar el conjunto y llegó una parte importante del proceso: esperar.

Dejé curar el sellador durante 24 horas

No quise poner el equipo en funcionamiento inmediatamente después de aplicar el sellador.

El producto utilizado indicaba un tiempo de aproximadamente 24 horas para alcanzar su curado total, así que respeté ese período antes de realizar las pruebas.

Esto puede parecer un detalle menor, pero cuando se está reparando una unión que debe contener agua y que además se encuentra cerca de una fuente de calor, darle al sellador el tiempo necesario para curar correctamente es fundamental.

La primera prueba fue en frío

Una vez cumplido el tiempo de curado, tampoco encendí inmediatamente el vaporizador.

Primero realicé una prueba en frío.

Coloqué agua en el tanque y comprobé que el conjunto no presentara nuevamente pérdidas. La idea era verificar primero que la reparación fuera capaz de contener el agua sin someterla todavía al funcionamiento normal del equipo.

Después de comprobar que no había fugas, llegó el momento de probar el vaporizador funcionando normalmente.

Y, por suerte, el agua se quedó donde tenía que estar.

¿Qué hice con el primer agua después de la reparación?

Como se había utilizado sellador durante la reparación, preferí tomar una precaución adicional.

El agua utilizada durante la primera prueba fue descartada. De esta manera evitaba utilizar posteriormente agua que pudiera haber estado en contacto con algún residuo del producto utilizado durante el sellado.

Para el funcionamiento habitual del vaporizador se utiliza agua desmineralizada, por lo que después de esa primera prueba se volvió a utilizar agua nueva.

¿La reparación funcionó?

Hasta el momento, sí.

El vaporizador volvió a utilizarse algunas veces y no volvió a presentar pérdidas de agua.

Sin embargo, hay una aclaración importante: todavía no puedo afirmar que la reparación sea definitiva.

El equipo recién fue reparado y tendrá que pasar más tiempo y más usos para comprobar cuánto dura realmente el nuevo sellado.

De hecho, probablemente vuelva a actualizar esta nota en el futuro para contar cuánto tiempo permaneció funcionando sin presentar nuevamente la fuga.

Hay algo que cambiaría en una próxima reparación

Aunque la reparación realizada hasta ahora está funcionando, hay algo que probablemente haría diferente la próxima vez.

El sellador utilizado no es el más adecuado para trabajar cerca de una fuente de calor durante períodos prolongados. Los selladores de silicona convencionales suelen tener límites de temperatura de trabajo relativamente inferiores a los de productos específicamente formulados para altas temperaturas.

Por eso, si tuviera que reparar nuevamente este mismo equipo, utilizaría un sellador de silicona de alta temperatura, siempre verificando previamente que sus características sean adecuadas para esta aplicación.

No significa que el producto utilizado en esta reparación necesariamente vaya a fallar: por ahora está funcionando. Simplemente considero que un producto diseñado específicamente para soportar temperaturas elevadas sería una elección más apropiada para una reparación de este tipo.

¿Podría ser una falla de fabricación?

Después de encontrar la fuga y observar cómo estaba realizado el sellado, es inevitable preguntarse si el problema podría estar relacionado con el diseño o la fabricación del conjunto.

El agua consiguió escapar desde la zona del tanque, llegar al interior del equipo y provocar oxidación en distintos componentes.

Sin embargo, con un solo equipo no sería correcto afirmar que se trata definitivamente de una falla de fabricación.

Para poder determinarlo habría que revisar otros vaporizadores del mismo modelo o comprobar si este problema aparece nuevamente con el paso del tiempo.

Lo que sí está claro es que una pérdida aparentemente pequeña puede terminar comprometiendo el interior de un equipo eléctrico si se mantiene durante suficiente tiempo.

Reparar antes de reemplazar

Esta reparación no terminó siendo especialmente complicada. Lo más importante fue encontrar de dónde provenía realmente la pérdida y no limitarse a limpiar el agua que aparecía debajo del equipo.

Una junta de silicona que dejó de sellar correctamente permitió que el agua escapara del tanque y terminara afectando el interior del vaporizador. Después de desmontarlo, limpiar el óxido, preparar las superficies y volver a sellar la junta, el equipo pudo volver al trabajo.

Por ahora, la reparación funciona.

Habrá que esperar para saber cuánto dura.

Y justamente esa es una de las cosas interesantes de reparar objetos: muchas veces no sabemos de antemano si una solución va a durar una semana, un año o mucho más. Lo importante es entender qué está fallando, buscar una solución razonable y comprobar después si realmente funcionó.

A veces un equipo que parece estar llegando al final de su vida útil simplemente necesita que alguien lo abra, descubra qué está pasando y le dé una segunda oportunidad.

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